Esquiando en la arena
En 1961 tuvo lugar la primera expedición española a los Andes, y fue Félix Méndez el director de aquella travesía. Él contó una anécdota que ya pasó a la historia; resulta que poco después de llegar a Lima, unos amigos peruanos los invitaron a esquiar.
Como no podían ir todos, enviaron a sus mejores esquiadores: Jordi Pons, Salvador Rivas y José María Régil, quienes se pertrecharon convenientemente para la ocasión, ya que esquiar en los Andes se suponía que no era juego de niños.
La sorpresa surgió al emprender el viaje, ya que en vez de dirigirse a la cordillera, enfilaron hacia la costa, y al poco se detuvieron al pie de unas elevadas dunas de arena que morían en el litoral.
La técnica era muy similar a la empleada sobre la nieve, sólo variaba en que había que recubrir la suelda de las tablas con una cera líquida, que había que resguardarse del calor en botellas enterradas en la arena.
Aquellas dunas, llamadas de Corvina, se convirtieron en el lugar elegido por la Asociación Peruana de Esquí para promocionar este deporte que disfrutó de una enorme aceptación.
Deportes y arena, hace algunos años, parecían incompatibles a primera vista. Sin embargo, el ingenio o la necesidad de explorar más allá han hecho que el hombre encuentre provecho de la especial naturaleza de este elemento, transformando sus inconvenientes en el principal atractivo para su práctica en él.
Imagen: Viajes , Vagabundeando





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